Última actualización julio 7, 2026 por Antonio Sanchez
Francia 98 fue el primer Mundial que muchos recuerdan como una película completa. Tenía héroes, villanos, camisetas inolvidables, estadios nuevos, música pegadiza, videojuegos, cromos, tardes de verano y una final que todavía conserva una sombra de misterio. No fue solo el Mundial de Zidane ni solo el Mundial del extraño Brasil-Francia. Fue el torneo en el que el fútbol empezó a parecerse al espectáculo global que conocemos hoy, pero todavía mantenía el encanto imperfecto de los noventa.

Por eso Francia 98 funciona tan bien como tema de fútbol retro. Es lo bastante moderno para que las imágenes sigan siendo nítidas, pero lo bastante antiguo para tener textura: camisetas anchas, dorsales enormes, botas negras, peinados imposibles, estadios con personalidad y selecciones que todavía parecían tener una identidad muy marcada.
La Copa Mundial de 1998 se jugó entre el 10 de junio y el 12 de julio en Francia. Fue el primer Mundial con 32 selecciones, un formato que abrió la puerta a nuevas historias y convirtió el torneo en una experiencia más grande, más larga y más global. Debutaron selecciones como Croacia, Jamaica, Japón y Sudáfrica, y eso ya decía mucho del cambio de época.
Hasta entonces, los Mundiales seguían teniendo una estructura más compacta. Francia 98 agrandó el mapa. De repente, el torneo tenía más grupos, más camisetas, más himnos, más partidos y más recuerdos posibles. Para una generación entera, fue el álbum de cromos definitivo.
El Mundial de Zidane antes de que Zidane fuera mito total
Zinedine Zidane llegó a Francia 98 como un futbolista enorme, pero salió convertido en símbolo nacional. Su Mundial no fue perfecto. De hecho, fue expulsado en la fase de grupos contra Arabia Saudí y se perdió dos partidos. Esa parte suele olvidarse porque la final lo tapó todo.
Pero ahí está precisamente la fuerza de su historia. Zidane no construyó su leyenda con un torneo lineal, sino con una aparición decisiva en el momento más grande. Dos cabezazos contra Brasil, dos golpes secos al relato mundialista y una imagen que Francia no ha dejado de reproducir desde entonces.
La final del 12 de julio de 1998 en Saint-Denis cambió para siempre la memoria de la selección francesa. Francia ganó 3-0 a Brasil, conquistó su primer Mundial y colocó a Zidane en una categoría nueva. Antes era un mediapunta elegante. Después de aquella noche, fue una figura histórica.
Brasil, Ronaldo y la final más extraña de los noventa
Brasil llegó como campeón del mundo y con Ronaldo Nazário en el centro de todo. Era el futbolista que mejor representaba el futuro: potencia, velocidad, técnica y una sensación de superioridad física que parecía nueva. Pero la final de Francia 98 quedó marcada por su estado físico, las dudas previas, las versiones contradictorias y una actuación apagada que todavía alimenta búsquedas.
Ese partido merece enlaces internos claros con el artículo sobre Ronaldo en la final del Mundial 1998, porque es una de las grandes historias paralelas del torneo. Francia ganó de forma contundente, sí, pero el Brasil de Ronaldo quedó atrapado para siempre en una pregunta: qué pasó realmente aquel día.
Ese cruce entre Ronaldo, Brasil, Zidane y una final envuelta en misterio dejó una de esas historias que el fútbol no termina nunca de cerrar del todo. Francia 98 no vive solo por el resultado: vive por las preguntas que todavía despierta.
Croacia 98: la sorpresa que ya parecía retro al nacer
Croacia fue la gran revelación del Mundial. En su primera participación como selección independiente, terminó tercera y dejó a Davor Suker como máximo goleador del torneo con seis goles. Aquella camiseta ajedrezada se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de Francia 98.
Lo de Croacia no fue una casualidad romántica. Tenía futbolistas de muchísimo nivel: Suker, Boban, Prosinecki, Jarni, Asanovic. Era una selección con talento, carácter y una estética futbolera muy marcada. Su victoria ante Alemania en cuartos por 3-0 fue uno de esos resultados que envejecen como titular de época.
Francia 98 también fue eso: el Mundial donde nuevas selecciones encontraron un lugar en la memoria global. Croacia no ganó, pero salió del torneo con una identidad mundialista que todavía conserva.
La Francia multicultural y el relato de una nación
El triunfo francés fue leído mucho más allá del fútbol. La selección de Aimé Jacquet reunía jugadores de orígenes diversos y terminó convertida en símbolo de una Francia plural. Blanc, Desailly, Thuram, Deschamps, Zidane, Djorkaeff, Henry, Vieira, Trezeguet, Barthez: nombres que construyeron un equipo sólido, competitivo y emocionalmente poderoso.
No era una Francia de ataque desatado. Era una selección equilibrada, dura, con una defensa enorme y con talento suficiente para decidir arriba. Lilian Thuram, por ejemplo, marcó los dos goles de su vida en la semifinal contra Croacia. No volvió a marcar con Francia, pero ese día empujó a su país a una final mundialista.
Ese detalle resume muy bien el torneo: Francia 98 está lleno de momentos irrepetibles. Futbolistas que tocaron la historia una vez y quedaron asociados para siempre a una imagen concreta.
El Adidas Tricolore, Footix y la estética de un Mundial inolvidable
Un Mundial retro no vive solo de resultados. Vive de objetos. Y Francia 98 tuvo varios de los más recordados de los noventa.
El balón Adidas Tricolore fue el primero multicolor de la historia de los Mundiales. Rompía con la imagen clásica del balón blanco y negro y conectaba perfectamente con la identidad francesa: azul, blanco, rojo, gallos, modernidad y diseño. Hoy es uno de esos balones que cualquier aficionado retro reconoce al instante.
Footix, la mascota, también pertenece a esa memoria. Un gallo azul, sencillo, noventero, muy reconocible. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es: las mascotas, los logos, los balones y las canciones oficiales son parte del tráfico nostálgico que arrastran los Mundiales antiguos.
Y luego está la música. «La Copa de la Vida», de Ricky Martin, no fue una canción más: se convirtió en un recuerdo mundialista por sí misma. Francia 98 sonaba a estadio, a televisión de verano y a ese momento en el que el fútbol empezaba a venderse como espectáculo total.
Inglaterra, Argentina y el gol que lanzó a Michael Owen
El Argentina-Inglaterra de octavos fue otro de los grandes partidos del torneo. Tenía historia política, rivalidad deportiva y nombres enormes. Batistuta, Verón, Simeone, Zanetti, Beckham, Shearer, Scholes, Owen.
Michael Owen marcó uno de los goles más recordados de Francia 98: carrera, cambio de ritmo y definición. Era el anuncio de una nueva estrella. Pero el partido también quedó marcado por la expulsión de David Beckham tras su roce con Simeone. Inglaterra cayó en penaltis y Beckham se convirtió durante un tiempo en el gran señalado del fútbol inglés.
Ese partido resume otra virtud de Francia 98: casi cada cruce importante dejó un relato propio. No fue un Mundial con una sola historia. Fue un archivo entero.
Holanda, Bergkamp y uno de los controles más bellos de la historia
Países Bajos también dejó una huella profunda. Bergkamp, Kluivert, Davids, Overmars, Seedorf, los hermanos De Boer. Una selección llena de talento, con una camiseta naranja que hoy es puro objeto de culto.
El gol de Dennis Bergkamp contra Argentina en cuartos es uno de los momentos técnicos más elegantes de la historia mundialista. Control orientado, toque sutil, definición. Tres gestos para eliminar a Argentina y entrar en todos los resúmenes eternos de los Mundiales.
Francia 98 fue un Mundial de delanteros, pero también de artistas. Bergkamp representa esa parte: el fútbol pensado, pausado, fino, casi artesanal.
España en Francia 98: talento, decepción y memoria amarga
Para España, Francia 98 fue una decepción enorme. El equipo de Javier Clemente llegaba con nombres importantes, pero quedó eliminado en la fase de grupos. La derrota ante Nigeria por 3-2 y el empate contra Paraguay dejaron a España contra las cuerdas demasiado pronto. La goleada a Bulgaria en el último partido no sirvió.
A nivel de memoria futbolera española, ese Mundial ocupa un lugar incómodo. No tiene la épica de México 86 ni la gloria posterior de Sudáfrica 2010. Es más bien el recuerdo de una oportunidad perdida, de una selección que todavía no encontraba su camino en los grandes torneos.
Precisamente por eso también merece espacio en Futbolretro: los Mundiales no se recuerdan solo por los campeones. También por las heridas que dejaron.
El Mundial que envejeció mejor que muchos campeones
Francia 98 no se recuerda solo porque ganara el anfitrión. Se recuerda porque fue un puente perfecto entre dos épocas. Todavía tenía algo del fútbol antiguo, pero ya anunciaba el fútbol moderno. Todavía había selecciones reconocibles por estilo, pero el torneo ya era una máquina global. Todavía había misterio, imperfección y relatos orales, pero la televisión empezaba a fijarlo todo para siempre.
Por eso, cuando se habla de Mundiales retro, Francia 98 siempre vuelve. Vuelve por Zidane. Vuelve por Ronaldo. Vuelve por el Tricolore. Vuelve por Croacia. Vuelve por Bergkamp. Vuelve por Beckham. Vuelve por España. Vuelve por esa sensación de verano noventero en la que cada partido parecía tener una camiseta, una canción y una historia distinta.
Francia 98 fue el Mundial en el que el fútbol moderno aprendió a ser nostalgia. Y quizá por eso, casi tres décadas después, sigue pareciendo más vivo que muchos torneos recientes.


