Última actualización junio 6, 2026 por Alberto Llopis
Portugal 1966 fue el Mundial en el que una selección con poca tradición en la élite apareció de golpe en el mapa grande del fútbol. Hasta Inglaterra 66, Portugal no había jugado ninguna fase final de la Copa del Mundo. Después de aquel verano, nadie volvió a mirar igual a la camiseta portuguesa. La explicación tiene un nombre propio: Eusébio.

El delantero nacido en Mozambique llegó al torneo como una estrella del Benfica y salió de él convertido en mito universal. Marcó nueve goles, fue máximo goleador y lideró a Portugal hasta el tercer puesto. No fue campeón, pero su impacto fue tan poderoso que aquel equipo quedó asociado para siempre a una idea: Portugal podía competir con cualquiera.
Portugal 1966: el debut que parecía imposible
La historia de Portugal 1966 tiene algo de irrupción tardía. El país tenía buenos futbolistas y un Benfica dominante en Europa, pero la selección nunca había pisado un Mundial. El sorteo, además, no invitaba precisamente a la calma: Brasil, Hungría y Bulgaria esperaban en la primera fase.
Brasil era bicampeona del mundo y llegaba con Pelé, aunque aquel Mundial acabaría siendo una pesadilla para la Canarinha, como contamos en Mundial 1966: todos contra el Brasil de Pelé. Portugal, en cambio, encontró pronto una mezcla perfecta de orden, confianza y pegada.
Ganó a Hungría, venció a Bulgaria y remató el grupo con una victoria ante Brasil. Aquel triunfo tuvo un valor simbólico enorme. No era solo pasar de ronda: era eliminar al campeón vigente y anunciar que la selección portuguesa no estaba allí como invitada decorativa.
Eusébio: nueve goles y una autoridad descomunal
El gran rostro de Portugal 1966 fue Eusébio. Su potencia, su golpeo y su forma de atacar los espacios parecían diseñadas para un torneo corto. En una época de defensas duras y campos pesados, él aceleraba cada jugada con una naturalidad brutal.
Sus nueve goles le dieron la Bota de Oro del Mundial. Pero su influencia fue más allá de la cifra. Eusébio era amenaza constante, líder emocional y símbolo de una selección que se sentía capaz de mirar a los ojos a potencias históricas.
Por eso su nombre sigue apareciendo en cualquier repaso de máximos goleadores de la historia de los Mundiales. Hay jugadores que marcan muchos goles y otros que definen un torneo. Eusébio hizo las dos cosas.
La remontada ante Corea del Norte
El partido más famoso fue el cuarto de final contra Corea del Norte. Los asiáticos venían de firmar una de las grandes sorpresas mundialistas al eliminar a Italia, una historia que ya tiene su propio lugar en Corea del Norte y su gran hazaña en el Mundial de Inglaterra 1966.
El duelo empezó como una pesadilla para Portugal: 0-3 abajo. En muchos Mundiales, eso habría sido sentencia. Pero Eusébio convirtió el partido en una obra de resistencia ofensiva. Marcó cuatro goles y Portugal terminó ganando 5-3. La remontada no solo salvó al equipo; lo elevó a leyenda.
Aquel encuentro resume el magnetismo de Portugal 1966: un equipo debutante, una estrella gigantesca y una noche en la que el fútbol pareció no tener techo emocional.
La semifinal ante Inglaterra y el tercer puesto
En semifinales esperaba Inglaterra, anfitriona y futura campeona. Portugal cayó 2-1 en Wembley, otra vez con gol de Eusébio. Fue una derrota digna, pero también amarga, porque el equipo había demostrado nivel suficiente para soñar con la final.
Después llegó el partido por el tercer puesto contra la Unión Soviética. Portugal ganó 2-1 y cerró el mejor Mundial de su historia hasta entonces. Esa tercera plaza fue mucho más que un resultado: fue el acta fundacional de Portugal como selección mundialista de prestigio.
Durante décadas, cada generación portuguesa convivió con aquella comparación. Eusébio y los suyos dejaron una vara muy alta, igual que otras grandes selecciones que nunca ganaron un Mundial pero quedaron en la memoria colectiva.
Por qué Portugal 1966 sigue siendo eterno
Portugal 1966 sigue funcionando porque tiene todos los ingredientes de una historia clásica: debut, sorpresa, estrella, remontada y derrota honorable. No fue un campeón, pero sí un equipo que cambió la autoestima de un país futbolístico.
También fue el Mundial que colocó a Eusébio en el altar global. Antes era una figura descomunal en Europa; después de Inglaterra 66, pasó a ser patrimonio de la historia de la Copa del Mundo. Según la ficha del Mundial de 1966, Portugal acabó tercero y Eusébio fue máximo goleador.
Por eso este artículo no habla solo de un torneo antiguo. Habla del momento en que Portugal empezó a imaginarse como potencia. Sin Portugal 1966, la historia posterior de Figo, Rui Costa, Cristiano Ronaldo o la Eurocopa 2016 se entiende peor. Todo gran relato necesita una primera llama, y la portuguesa ardió en Inglaterra con Eusébio como incendio principal.


