Trofeo de una noche de verano

Trofeo de una noche de verano
Cruyff y Pelé en el Trofeo Carranza, 1 de septiembre de 1974. El Barcelona venció 4 a 1.
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Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Era una calurosa noche de verano (como si no lo fueran todas en Sevilla) de 1999 y mi yo de 11 años estaba sentado en el sofá viendo Canal sur. El Real Betis jugaba la semifinal de la XLV edición del Trofeo Carranza contra el Vasco de Gama, y el portero verdiblanco, Toni Prats (también conocido por llegar a marcar dos goles de falta), recortó en el área al delantero del equipo brasileño. ¿Pero qué genialidad era aquella? El arquero de mi equipo había tenido la osadía de regatear a un delantero de la selección que el año anterior había quedado finalista en el Mundial de Francia.

Daba igual que aquel brasileño, de cuyo nombre ni puedo ni quiero acordarme, no hubiera jugado nunca con la canarinha. Era brasileño, y por el mero hecho de serlo ya se había ganado mi consideración de crack mundial. ¿Qué iba a saber yo? Si en aquella época no había manera humana de informarse sobre la liga brasileña. Los trofeos veraniegos eran capaces de estas cosas maravillosas, nos permitían ver a nuestros equipos, que en muchas ocasiones se arrastraban por campos de polvareda, jugar contra colosos del fútbol internacional. Éstos, al mismo tiempo, estaban deseosos de visitar nuestros torneos de verano con la esperanza de que algunas de sus estrellas (seguramente no aquel delantero que fue regateado por Toni Prats) fuera observado por algún equipo español que aliviara sus penurias económicas con algunos millones de pesetas.

Teresa Herrera, Carranza, Colombino…

Cuando uno echa la vista atrás y trata de recordar, o en mi caso investigar, la participación de equipos y jugadores importantes en trofeos de este calado, se encuentra con que los cuatro máximos goleadores del Trofeo Carranza son Gento, Eusebio, Di Stefano y Puskas, casi nada. En lo referente al Trofeo Teresa Herrera, el más antiguo de España, equipos como el Bayern de Munich de Beckenbauer, el Santos de Pelé, el Dínamo de Kiev de Oleg Blokin o el Fluminense de Rivelino, hicieron las delicias de los aficionados coruñeses que verano tras verano acudían expectantes a Riazor. ¿Y qué decir del Trofeo Colombino? Hablamos de la fiesta veraniega del Recreativo de Huelva, que para su primera edición invitó al Racing de París y al Génova, creando así un triangular de decanos europeos.

Estos torneos permitían la fantasía, daban alas a aquellos aficionados que durante el verano desconocían las noticias de su equipo, salvo por lo poco que pudieran escuchar en la radio, y que al acercarse las fechas señaladas acudían prestos a los estadios (o a sus sofás cuando la televisión lo hizo posible) para ver a las grandes estrellas que en un mundo sin globalización sonaban tan remotas como deslumbrantes.

International Champions Cup

Pero hoy en día la situación es bastante distinta. El Teresa Herrera, el Carranza y el Colombino ya no interesan a los grandes clubes. La International Champions Cup, y en consecuencia los millonarios ingresos que la misma supone, aleja a los equipos referentes, no solo de los trofeos de verano españoles, sino del viejo continente. Largos viajes en avión que fatigan a los jugadores, pero que llenan las arcas de los equipos de fútbol, hacen improbable que ningún jugador del Real Madrid vaya a desbancar a Gento como máximo goleador del trofeo gaditano.

Estos trofeos, que en su día nacieron para paliar las dificultades económicas de sus organizadores (salvo en el caso del Teresa Herrera, que se creó como medio pare recaudar fondos para los más necesitados) hoy luchan desesperadamente por sobrevivir, afrontando una desaparición que, si no se pone ningún remedio, no tardará en sorprendernos.

Teresa Herrera
El Dépor, con futbolistas como Mauro Silva o Rivaldo entre otros, campeón del Trofeo Teresa Herrera de 1997 (Memorias de Riazor)

El pasado verano no pudo disputarse el Trofeo Colombino. El estado del terreno de juego y un conflicto entre el Recreativo de Huelva y Blackswan Media, empresa por entonces propietaria de los derechos del torneo (el hecho de que una empresa tenga la propiedad del Colombino es una muestra más de las miserias del fútbol moderno), provocaron que no se pudiera disfrutar de un torneo que se había celebrado ininterrumpidamente desde 1965. Este año ya se ha anunciado que el trofeo se disputará a partido único entre el Recreativo y el Osasuna el día 4 de septiembre, con la liga ya iniciada y muy alejado del atractivo formato de eliminatorias entre cuatro equipos.

Reinventarse o morir

El Teresa Herrera, por su parte, hubo de eludir la pasada cita veraniega, celebrándose el mes de noviembre, y enfrentando, también en partido único al Deportivo de la Coruña y al Athletic Club de Bilbao. Este año si podrá jugarse en verano, poniendo frente a frente al club coruñés y al Real Betis, que por primera vez en su historia podrá optar a la conquista de la Torre de Hércules; pero parece que la opción de un torneo que enfrente a cuatro equipos comienza a ser una quimera.

Finalmente, el Trofeo Carranza, popularmente conocido como el trofeo de los trofeos, estuvo muy cerca de no disputarse el año pasado, aunque la situación se salvó con un triangular entre el equipo gaditano, el Real Betis y Las Palmas. Este verano volverá al formato de cuatro equipos, pero para poder atraer a escuadras de primer nivel, como es el caso del Tottenham, el equipo amarillo y el ayuntamiento de Cádiz optaron por darle una vuelta de tuerca y celebrar por primera vez un Trofeo Carranza con equipos femeninos. El ya citado Tottenham se medirá a Real Betis, Athletic Club de Bilbao y Tacón FC (todavía libre de las garras del Real Madrid). Nunca fue tan cierta la máxima “renovarse o morir”.

Los trofeos de verano están desapareciendo, y con ellos, el fútbol de toda la vida, el que nos despierta emociones, el que nos retrotrae a tardes de sofá viendo a Prats regateando. Llegará un día, espero que lejano, en el que la noticia sea que, tras muchas décadas de existencia, trofeos como el Teresa Herrera, el Carranza o el Colombino pasan a la historia junto a tantos otros como el Ciudad de Sevilla o Ciudad de Valencia. Pero tampoco debemos extrañarnos. En un mundo en el que las trayectorias de jugadores como Giggs, Maldini o Carragher son una excepción y en una liga en la que los presidentes de los clubes desoyen a sus aficionados en lo referente a los partidos de los lunes, queda poca esperanza a la que aferrarnos. Si nadie lo remedia, será cuestión de tiempo que estos torneos tan mágicos se conviertan, parafraseando a Shakespeare, en meros sueños de una noche de verano.

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