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Javier Argudo

Javier Argudo

Director de Futbolretro.es. El PC Fútbol cambió mi vida. Puedes seguirme en @futbolretroes

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2 Comentarios

  1. 1

    sr. turko

    No fue exactamente así, bien lo recuerdo. El Depor ni se dejó perder ni le importaba nada el partido. Su guerra había finalizado dos jornadas antes con un robo alarmante en Riazor, cometido por el inefable colegiado asturiano Díaz Vega, que pitó penalty una falta cometida sobre Alvelo, metro y medio fuera del área (consta así en imágenes de archivo de la TVG). El partido del destierro en el Estadio del Miño fue una anécdota, sin aliciente alguno. El Celta empató en Sestao porque era lo lógico, dados los intereses de ambos conjuntos. Mirar hacia otros campos, cuando te vale hasta perder de un gol, es de necios…

    No obstante, sí es cierto que el sueño de cualquier deportivista y celtista es influir de la manera que sea para joderle el objetivo a su rival. Alguna vez hubo resultados en ese sentido…

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    1. 1.1

      Manu AC

      Tienes razón, sr. turko, el partido contra el Castellón no era decisivo, ya que, incluso ganando, el Castellón no podía ascender (se quedó a 10 puntos y la victoria valía 2 puntos en aquel tiempo). Podían los coruñeses si ganaban ellos, no los albinegros, y los vigueses perdían de un gol o más; pero podía el RCD A Coruña, no el CD Castellón.

      En cualquier caso, el equipo blanquiazul no perdió contra los celestes sus opciones de ascenso, las perdió en La Rosaleda (y los verdinegros en Castalia) la jornada 43 (la penúltima de aquel playoff infame), pues ambos perdieron la opción de llegar primeros al último partido; si bien hay que decir que en aquella época jugar fuera de casa era un hándicap y el conjunto olívico ganó en Balaídos al Rayo y tomó 2 puntos sobre sus dos contendientes al ascenso (53 por 51 de sestaotarras y coruñeses).

      Esa fue la jornada clave de todas, pues hasta ese momento, el cuadro vigués todavía no disfrutara del puesto de ascenso (en la 41 el puesto era blanquiazul y en la 42, verdinegro; en la 43 lo tomaron los celestes y lo mantuvieron en la más importante, la 44).

      En resumen, que el cuadro del Norte de Galicia no se dejó perder en su exilio lucense y el del Sur dependía de sí mismo, así como el propio cuadro euskaldún. Si se dieran los resultados, podía haber hasta triple empate en la última jornada.

      Y en el otro grupo, el de los impares, estaba el CD Logroñés, que fue el que al final ascendió junto con RC Celta de Vigo y Valencia CF, aunque llegaron a la última jornada con los deberes hechos y se permitieron el lujo de perder de paliza ante otros herculinos, estos de Alicante, por 4-1.

      Y confirmo, como celtista, aunque lamento, que buena parte de las aficiones de los dos equipos del País, no sé si al nivel de ser «un sueño», aunque puede que sí, gocen con joderle el objetivo deportivo al rival. Que envidia me da ver a los dos grandes vascos, que unos años antes de esto, en las respectivas y últimas ligas que ganaron allá por los inicios de los 80 (además, las últimas de cada uno), jugaron (¡casualidades de la vida!) la última jornada entre ellos y no hubo «atisbos» de soñar o de querer joderle la vida al vecino haciéndole perder la liga en detrimento de equipos de fuera de su tierra. Al contrario, las aficiones estaban juntas en las gradas.

      Y precisamente, en ese partido polémico en Riazor fue cuando se encendieron de todo (y durante muchos años, hasta hace más bien poco que los ánimos parecen volver a estar más «normalizados» -no del todo, pero si comparativamente-) las rivalidades insanas entre ambos equipos galaicos (en una palabra, los tontos de cada lugar tomaron el protagonismo).

      Y fue, precisamente (¡cómo no!), por culpa de dos políticos (¡qué raro!, ¡los políticos dividiendo al pueblo!) de cada una de las ciudades, uno alcalde, Paco Vázquez, y otro que quería serlo -aunque se j***ó bastante y no pasó de simple concejal-, un tal Leri, que ayudaron lo suyo con basura de variado tipo (declaraciones incendiarias y cortes de manga) para que los ánimos se enturbiaran durante las décadas siguientes y fuera imposible ir a ver «O Noso Derbi» en campo contrario con tu bufanda y tu camiseta tranquilamente, como sucedía hasta poco antes de esa época (hasta finales de los 70 se podía ir perfectamente sin miedo alguno: había rivalidad, obviamente, pero no «enemistad» ni peligro de menoscabo físico).

      Ojalá se pueda algún día volver a Riazor y a Balaídos con tu camiseta y tu bufanda, cualquiera que sea, y poder disfrutar de la fiesta del fútbol y no de espectáculos selváticos de orangutanes reprimidos.

      ¡Hala Celta! y ¡Forza Dépor!

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