¿El fútbol actual ya no ofrece remontadas como las de antes?

¿El fútbol actual ya no ofrece remontadas como las de antes?
El fútbol actual ya no ofrece noches mágicas como las de antes.
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Las remontadas épicas quedan para siempre en la memoria de los aficionados de los equipos que las protagonizan (y en la de los que las padecen también), remitiendo inmediatamente a noches mágicas en las que se obraba el milagro que materializaba lo que parecía imposible antes de que comenzase a rodar el balón.

El último gran antecedente que tenemos

Sin embargo, en el fútbol moderno hipertecnológico parece que estos prodigios ya no se dan, con permiso del Barça para lo bueno y para lo malo, entrando en el primer capítulo el 6-1 endosado al PSG en el Camp Nou en aquel partido de vuelta de los octavos de Champions, que los azulgranas encaraban con 4-0 adverso en el partido de ida en el Parque de los Príncipes. Mientras que para la segunda vertiente baste con recordar Roma y Liverpool, si bien hay que decir que no es lo mismo que te remonten un 4-1 o un 3-0 a lo largo de 90 minutos a que te metan tres goles en diez como le pasó al boyante equipo parisino, que además aparecía como obvio favorito para pasar de ronda en todas las apuestas deportivas por la gran ventaja cosechada en el primer partido.

Aquella noche en la que Pantic marcó cuatro goles en el Camp Nou y el Atlético de Madrid fue eliminado

Para congraciarnos todavía más con los aficionados culés que nos lean después después de haberles nombrado las bichas de Roma y Liverpool, vamos a hacer referencia a otra remontada loca protagonizada por los azulgranas, tan increíble que ni siquiera fue como respuesta a un partido de ida nefasto, sino a una primera parte espectacular del Atlético de Madrid que se había marchado al descanso con un 0-3. Estamos en la temporada 96-97, en la vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey y tras empatar a dos en el Calderón, un Pantic estelar (que esa noche acabaría marcando cuatro goles que no servirían para nada) ha liderado a los suyos durante unos primeros 45 primeros minutos primorosos para los atléticos y nefastos para los culés, que además tienen a su portero hecho un flan (acabaría el partido hundido y llorando pese al resultado final).

Sin embargo, tras la reanudación se obró el prodigio, y pese a que los atléticos fueron capaces de oponer otro tanto, acabarían arrasados por un huracán llamado Ronaldo Nazario y un tanto final de Pizzi, el 5-4, que desató el frenesí, con el entrenador azulgrana, el venerable Bobby Robson, estupefacto y con cara de no entender nada, de hecho cuando el resultado iba 4-4 le estuvo diciendo a sus jugadores que contemporizasen, pensando que la eliminatoria ya estaba igualada, sin tener en cuenta el valor doble de los tantos anotados en campo contrario (recordemos que la ida en el Calderón había acabado 2-2).

Con todo, para dulcificar también a los colchoneros esta inmersión en el pasado podemos traer a colación un 3-4 en el Camp Nou correspondiente a un partido de liga de la 93-94, que comenzó con un hat-trick de Romario y acabó con un Caminero estelar anotando el tanto que abrochaba la victoria para los suyos.

El Madrid de las grandes remontadas

Pero, y ya estábamos tardando, si hay que hablar de un equipo pretérito que haya sido protagonista de grandes remontadas tenemos que traer a colación al Madrid de la Quinta del Buitre, que protagonizó infinidad de noches europeas épicas con remontadas increíbles en el Bernabéu. Unos partidos que quedarán para siempre asociados al rostro encorajinado de Juanito, y que tuvieron la gran virtud de hacer del milagro algo usual, aunque por paradojas del destino ese equipo no se coronase al final con el máximo cetro europeo.

También hay que señalar que aquellos tiempos eran más propicios que estos a este tipo de singularidades, ya que era un fútbol sin VAR, con menos vigilancia arbitral y sin cámaras de última generación capaces de desmenuzar hasta el último intríngulis de lo que sucedía en el campo, lo que abonaba a partidos de ida en los que la presión del público y la rocosidad muchas veces impune del rival acababan redundando en un ‘acogotamiento’ propio, que tenía su correspondiente reflejo en el marcador, mientras que en el partido de vuelta se invertían las tornas, y de qué manera en algunas ocasiones.

No conviene perder de vista que la norma del valor doble de los goles marcados en campo contrario se puso por algo, por más que ahora parezca que no tenga mucho sentido (algunos equipos locales ya salen en casa a defender su portería), y menos todavía en los tiempos actuales en los que ni siquiera hay público en los estadios.

Por eso cada vez se escuchan más voces que abogan por suprimir esta ventaja para el visitante, a las que nos sumamos sin duda si eso sirve para tener de vuelta aquellas eliminatorias fantásticas del fútbol de antes en las que todo podía pasar.

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