Rinat Dassaev, cuando el Sevilla fichó al mejor portero del mundo

Rinat Dassaev, cuando el Sevilla fichó al mejor portero del mundo
Gullit y Dassaev, capitanes de Holanda y la URSS respectivamente, antes de la final de la Eurocopa de 1988 que ganaron los tulipanes (Fútbol Emotion)
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La historia del Rinat Dassaev es digna de mención. El portero soviético llegó a ser el mejor guardameta del mundo y su llegada a la Liga española para fichar por el Sevilla FC supuso todo un acontecimiento teniendo en cuenta el contexto histórico en el que se produjo.

La Unión Soviética tenía una manera diferente de entender el deporte y el fútbol. Si bien se veía como un gran escaparate político y cada evento deportivo como una perfecta ocasión de transmitir fuertes convicciones patrióticas, lo cierto es que no era un foco aglutinador de inversiones económicas. Los futbolistas se distanciaban notablemente de sus colegas del otro lado del Telón de Acero, llevaban una vida a ajena a los lujos, estaban habituados a los largos desplazamientos en tren y a un rudimentario equipamiento deportivo que tenían que lavar a mano.

En los años 70 el fútbol soviético vivió una crisis deportiva solo maquillada por los logros individuales del Dinamo de Kiev. La URSS se quedó fuera de dos mundiales (uno por convicciones políticas) y tres Eurocopas. Hasta que el equipo revivió bajo los mandos de Valery Lobanovsky para emerger en 1988 como subcampeón de Europa. Al igual que el glorioso de los años 50 se asentaba en Yashin, este equipo encontraba en la portería su principal bastión, Rinat Dassaev.

Su gran campeonato confirmó sus impresionantes campañas en el Spartak de Moscú y lo catapultó para ser nombrado como mejor portero del mundo. Dassaev se convertía en el referente de una nueva era para una Unión Soviética que empezaba a mostrar goteras.

DASSAEV, UN FICHAJE IMPOSIBLE

Mientras Mijhail Gorbachov intentaba guiar el destino de un gigante del este sumido en una galopante crisis, el Gato tártaro se convirtió en la rifa de unos clubes occidentales aún cegados por la leyenda de la Araña Negra. Sorpresivamente sería el Sevilla F.C. -por entonces un club de media tabla española- quien ganaría la puja tras no cesar en el empeño de una operación prácticamente inverosímil. Hay que tener en cuenta que los futbolistas soviéticos no eran libres, eran propiedad del estado. Sin embargo, aquel verano se abrió una rendija por la que fue capaz de colarse el conjunto hispalense para hacer que la peretoiska tomara cuerpo con uno de los principales estandartes del deporte soviético. En noviembre de 1988, Dassaev se convertía en el primer deportista en cruzar el Telón de Acero para jugar en Occidente.

“Las canciones populares rusas se alternaban con las sevillanas en el equipo de megafonía, por las gradas iba arracimando un sevillismo deseoso de acariciar, como feliz acontecimiento, que el portero soñado se enfundara su camiseta […] El sevillismo ilusionado quiso estar con su nuevo ídolo como había estado en el aeropuerto, como le hizo el pasillo en San Pablo, como lo hizo vestirse de portero y bajar al Sanchez Pizjuán la tarde de antes, como sueña ya con verlo en partidos oficiales para sentir en los adentros el legítimo orgullo de haberlo conseguido.”

Partido de debut. ABC. 22/11/88

Un aeropuerto colapsado y una ciudad entregada daban la bienvenida a un portero que bajaba del avión con la titularidad conseguida. Todos se imaginaban a un superhéroe, a un hombre de hielo que guardara la meta sevillista y que hiciera del Sevilla un candidato al título. Sin embargo, el primer balón que tocó en el Sánchez Pizjuán sería de entre las redes de su portería. Desgraciadamente se convertiría en el preludio de su carrera como sevillista.

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Dassaev a su llegada a Sevilla (Marca)

DE SER UNA ESTRELLA A TERMINAR ESTRELLADO

La temporada avanzaba y las actuaciones grises se iban acumulando. Hasta que llegó el colofón en un Sevilla-Logroñés, cuando él mismo, incomprensiblemente, introdujo el balón dentro de su portería. Para entonces el gracejo sevillano ya había bautizado al ruso como “Rafaé” y su habitual camiseta amarilla recibía la sorna en aquella tierra torera. Nervión, sin quererlo, había enfundado el traje de antihéroe a su estrella.

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Dassaev y Polster, dos de las grandes figuras del Sevilla de la época (Fútbol de Primera)

Su calamitosa imagen creció enteros cuando cayó con su coche al foso de la Universidad de Sevilla. El resultado del accidente fue una mano rota y una carrera deportiva arruinada. Desde entonces dos leyendas ennegrecieron su imagen, una segunda caída al foso y problemas con la bebida. Dos aspectos que el portero siempre negó pero que terminaron por convertir aquella sobria imagen del mejor futbolista comunista, en una figura chirigotesca del fútbol de finales de los ochenta.

 

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